Hace unos días me enteré que mi abuelo homónimo pero no homosexual había sido un sindicalista en el sector ferroviario. El comentario de mi abuela despertó mi sangre que quería seguir escuchando pero nadie sabía bien nada, solo sindicalista.
Juan sindicalista ojos verdes no homosexual me movió la sangre. Esta maldición filiativa de envolverse en sangre para sentir algo de identidad que viene de atrás Son los lazos que no me quedaron, los que ya no puedo.
Estudiar gramática para estudiar mi linaje para narrar las partes sueltas del mito que nunca me contaron. La sangre hoy reclama un pasado. El dolor se esconde en el principio
Niñito Carnicero
domingo, 17 de abril de 2016
martes, 8 de septiembre de 2015
Crayones
Yo dibujo el poema de mi trazo
de Patroclo y de Aquiles
que gritaron belicosos hasta partirse
Yo dibujo el trazo de mi poema
de saberme maldita y medusa
esta condena tan certera no fue
convertirlos en rocas y piedras
sino
poder nunca
contemplar nunca
mi cuerpo nunca.
La historia de nuestros trazos arremete
al combate, incluso a la muerte
un arma y una mirada
cargadas de pólvora de hadas.
Vida Proleta.
El cuerpo y el sonido del metálico en la fábrica en el trabajo, en la cola de la búsqueda de que alguien le compre su fuerza brutal, es el cuerpo en devenir metál, en devenir alambre, en devenir postrado patriado.
Ya no hay voz, queda solo la sirena que entabla el tiempo para que los cuerpos se nutran para seguir con la jornada laboriosa que dios, cómplice a la madrugada, ayuda a ganar el pan mientras desde abajo carcajea. Adan y Eva, uno cargando y otro soportando, tanta mierda semántica entre sus genitales, laburan en el subsuelo de un depósito de cuerpos metalúrgicos.
Los pulmones se llenan de hierro, de encierro, de acero y de una gravedad tan inmensa que al final del día caen aspirados, fulminados. Entonces los cuerpos se inflan en densidad, en tensidad, respiran un oxígeno tan finito que se le mete por el paladar, por la laringe y se apropia de la garganta entera y hasta del fondo del lenguaje y entonces esta sospecha ideológica de lengua es tumba.La explotación del hombre por el hombre deviene en esta certidumbre inmsonme, esta certidumbre de no tener el oxígeno suficiente para crearnos con palabras nuevas. Ellos nos relatan hacia los subsuelos enajenados y fabriles, nos relatan con fragmentos de seres vivos y nuestros.
Queda tan solo la huella de un tacto raquítico en las manos chamuscadas por el excedente para que el cuerpo se conforme, en esas noches extensas, con acariciarle el lomo a su compañero hasta disolverse en una llaga, en una ampolla. en un ardor de vida proleta.
Ya no hay voz, queda solo la sirena que entabla el tiempo para que los cuerpos se nutran para seguir con la jornada laboriosa que dios, cómplice a la madrugada, ayuda a ganar el pan mientras desde abajo carcajea. Adan y Eva, uno cargando y otro soportando, tanta mierda semántica entre sus genitales, laburan en el subsuelo de un depósito de cuerpos metalúrgicos.
Los pulmones se llenan de hierro, de encierro, de acero y de una gravedad tan inmensa que al final del día caen aspirados, fulminados. Entonces los cuerpos se inflan en densidad, en tensidad, respiran un oxígeno tan finito que se le mete por el paladar, por la laringe y se apropia de la garganta entera y hasta del fondo del lenguaje y entonces esta sospecha ideológica de lengua es tumba.La explotación del hombre por el hombre deviene en esta certidumbre inmsonme, esta certidumbre de no tener el oxígeno suficiente para crearnos con palabras nuevas. Ellos nos relatan hacia los subsuelos enajenados y fabriles, nos relatan con fragmentos de seres vivos y nuestros.
Queda tan solo la huella de un tacto raquítico en las manos chamuscadas por el excedente para que el cuerpo se conforme, en esas noches extensas, con acariciarle el lomo a su compañero hasta disolverse en una llaga, en una ampolla. en un ardor de vida proleta.
sábado, 20 de diciembre de 2014
Madygraf
Recuperamos los cerámicos y ahora el papel,
las letras y nuevamente revivimos nuestra historia de combate. Yo lxs escuchaba
hablando que con la expropiación iban a producir manuales para la educación,
para que a los pibes en las escuelas no le falten materiales para estudiar.
Entre tanto grito de lucha me venía a la boca Maiakosvki diciendo:
"Tenemos por delante un trabajo enorme, a cada hombre le hace falta la
poesía... no hay divisiones de clases en las líneas de los versos...".
En cambio, lxs otrxs desde esa boca
epiléptica de capital lxs escuchaba gritar a mansalva aplicar la ley
anti-terrorista a los patrones y, a la vez, llamar a otros patrones, más
buenos, más sutiles, en explotar al hombre hasta las venas.
Unxs detrás del perro policía, y de la yuta
repugnante, y del derecho burgués, y detrás de TN y 678, detrás de los buitres
y los genocidas, de la redes de trata y del vaticano preparan las cadenas para
nuestros cuellos.
Y lxs otrxs adentro de las fábricas, detrás
del humo que transpira fuego, de la honda y las bolitas de cerámica, de las
cicatrices de la represión, cada unx con sus manos de Atlante crepitan
libertad.
Trxnsmutar
Ese cuerpito de prostituta es un cuerpo
asementado. Erigido, asementado y abanderado por el estado del semen. La patria
y la paria. Ella se habla y se intenta convencer del poder del azar de crear
monstruos. Ella y sus mentruosidades, ella y sus proxenetas, ella su reflejo y
su ausencia y el silencio de la Patria más puta.
Le lloran sal y sangre todos sus agujeros.
Paria, perra y poluta que quiere irse con el aire porque ya no sabe de espejos,
no sabe cómo hacerse de noche para que quede impenetrable.
Se afantasma junto al espejo y vive. Y si se
saca los huesos, y los músculos, y los tendones, y la carne y la piel y los
lunares, y los tatuajes, y los golpes y los insultos y los silencios, y los
ojos de los otros, y el maquillaje y los testículos… y si se saca tanto tanto,
entonces qué queda?
Queda ese terror de género tan certero en
los ojos, es como mirarse las manos hasta arrugarse los ovarios y queden dentro
de un escroto.
Se nombra y estalla fulminada. Una extraña
que anhela salir y matarla. Entre el espejo y el reflejo, todos los extraños
que se esconden.
Nocturna
Una charla de silencios
perezosos. Dos sujetos uno del otro. Una soga que los ata por el cuello
mientras dos luciérnagas candentes se desintegran entre sus dedos. Uno intenta
entender, otro sólo entenderse. Los habita el mismo conflicto, la carnicería
del cuerpo y la palabra.
Cabeza agacha ojos
tristes escucha. Barba azabache manos pequeñas se bate a duelo con lo más
asesino, infligir el placer. Habla sangrante. Cabeza agacha ojos tristes le
urge una cólera de gritos, pero tumba. Presos de una habitación que ruega
diplomacia, las carnes abdican. Se huelen a la distancia de un descenso a los infiernos.
No queda en la mirada de ninguno el recuerdo de la caricia.
Barba azabache lengua de
puñetazos baila el alfabeto de las torturas. La danza avanza macabra matanza.
Cabeza agacha átomo destartalado ahora lengua en blanco. Dos extraños recuerdan
extrañarse. Cabeza agacha pies ligeros fugitivos. Barba azabache cadáver del
silencio.
Una habitación en pausa.
No queda oxígeno, solo humo. Y la noche densa se expande...
Grito carnívoro
Esta noche me traiciona el lenguaje que de
inconmensurable ya no le queda nada. Me temo sin verbo para acariciar ese
cuerpo de nene que come nenes. Se explota la palabra en mi lengua porque lo
indecible debe ser besado, aunque mis labios sean guillotinas, enredaderas de
carnes que me dejaron colgando besos olvidables.
Me sexuas rojo, rojo enfermo, y crudo, y
carnívoro. Que no me quede nada de piel cuando te abrace y sea brasas y sea el
infierno caminante. Me prometo desnudo y habitable, un poquito. Este dolor de
niño solo puede ofrecerte su niñez de carnicero y lo primero, que fue el grito
y nuestra injuria.
No te quiero fiel, yo te quiero real.
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