Ese cuerpito de prostituta es un cuerpo
asementado. Erigido, asementado y abanderado por el estado del semen. La patria
y la paria. Ella se habla y se intenta convencer del poder del azar de crear
monstruos. Ella y sus mentruosidades, ella y sus proxenetas, ella su reflejo y
su ausencia y el silencio de la Patria más puta.
Le lloran sal y sangre todos sus agujeros.
Paria, perra y poluta que quiere irse con el aire porque ya no sabe de espejos,
no sabe cómo hacerse de noche para que quede impenetrable.
Se afantasma junto al espejo y vive. Y si se
saca los huesos, y los músculos, y los tendones, y la carne y la piel y los
lunares, y los tatuajes, y los golpes y los insultos y los silencios, y los
ojos de los otros, y el maquillaje y los testículos… y si se saca tanto tanto,
entonces qué queda?
Queda ese terror de género tan certero en
los ojos, es como mirarse las manos hasta arrugarse los ovarios y queden dentro
de un escroto.
Se nombra y estalla fulminada. Una extraña
que anhela salir y matarla. Entre el espejo y el reflejo, todos los extraños
que se esconden.
No hay comentarios:
Publicar un comentario