sábado, 20 de diciembre de 2014

Nocturna

Una charla de silencios perezosos. Dos sujetos uno del otro. Una soga que los ata por el cuello mientras dos luciérnagas candentes se desintegran entre sus dedos. Uno intenta entender, otro sólo entenderse. Los habita el mismo conflicto, la carnicería del cuerpo y la palabra.

Cabeza agacha ojos tristes escucha. Barba azabache manos pequeñas se bate a duelo con lo más asesino, infligir el placer. Habla sangrante. Cabeza agacha ojos tristes le urge una cólera de gritos, pero tumba. Presos de una habitación que ruega diplomacia, las carnes abdican. Se huelen a la distancia de un descenso a los infiernos. No queda en la mirada de ninguno el recuerdo de la caricia.

Barba azabache lengua de puñetazos baila el alfabeto de las torturas. La danza avanza macabra matanza. Cabeza agacha átomo destartalado ahora lengua en blanco. Dos extraños recuerdan extrañarse. Cabeza agacha pies ligeros fugitivos. Barba azabache cadáver del silencio.

Una habitación en pausa. No queda oxígeno, solo humo. Y la noche densa se expande...

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