Una charla de silencios
perezosos. Dos sujetos uno del otro. Una soga que los ata por el cuello
mientras dos luciérnagas candentes se desintegran entre sus dedos. Uno intenta
entender, otro sólo entenderse. Los habita el mismo conflicto, la carnicería
del cuerpo y la palabra.
Cabeza agacha ojos
tristes escucha. Barba azabache manos pequeñas se bate a duelo con lo más
asesino, infligir el placer. Habla sangrante. Cabeza agacha ojos tristes le
urge una cólera de gritos, pero tumba. Presos de una habitación que ruega
diplomacia, las carnes abdican. Se huelen a la distancia de un descenso a los infiernos.
No queda en la mirada de ninguno el recuerdo de la caricia.
Barba azabache lengua de
puñetazos baila el alfabeto de las torturas. La danza avanza macabra matanza.
Cabeza agacha átomo destartalado ahora lengua en blanco. Dos extraños recuerdan
extrañarse. Cabeza agacha pies ligeros fugitivos. Barba azabache cadáver del
silencio.
Una habitación en pausa.
No queda oxígeno, solo humo. Y la noche densa se expande...
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