sábado, 20 de diciembre de 2014

Madygraf

Recuperamos los cerámicos y ahora el papel, las letras y nuevamente revivimos nuestra historia de combate. Yo lxs escuchaba hablando que con la expropiación iban a producir manuales para la educación, para que a los pibes en las escuelas no le falten materiales para estudiar. Entre tanto grito de lucha me venía a la boca Maiakosvki diciendo: "Tenemos por delante un trabajo enorme, a cada hombre le hace falta la poesía... no hay divisiones de clases en las líneas de los versos...".
En cambio, lxs otrxs desde esa boca epiléptica de capital lxs escuchaba gritar a mansalva aplicar la ley anti-terrorista a los patrones y, a la vez, llamar a otros patrones, más buenos, más sutiles, en explotar al hombre hasta las venas.
Unxs detrás del perro policía, y de la yuta repugnante, y del derecho burgués, y detrás de TN y 678, detrás de los buitres y los genocidas, de la redes de trata y del vaticano preparan las cadenas para nuestros cuellos.

Y lxs otrxs adentro de las fábricas, detrás del humo que transpira fuego, de la honda y las bolitas de cerámica, de las cicatrices de la represión, cada unx con sus manos de Atlante crepitan libertad.

Trxnsmutar

Ese cuerpito de prostituta es un cuerpo asementado. Erigido, asementado y abanderado por el estado del semen. La patria y la paria. Ella se habla y se intenta convencer del poder del azar de crear monstruos. Ella y sus mentruosidades, ella y sus proxenetas, ella su reflejo y su ausencia y el silencio de la Patria más puta.
Le lloran sal y sangre todos sus agujeros. Paria, perra y poluta que quiere irse con el aire porque ya no sabe de espejos, no sabe cómo hacerse de noche para que quede impenetrable.
Se afantasma junto al espejo y vive. Y si se saca los huesos, y los músculos, y los tendones, y la carne y la piel y los lunares, y los tatuajes, y los golpes y los insultos y los silencios, y los ojos de los otros, y el maquillaje y los testículos… y si se saca tanto tanto, entonces qué queda?
Queda ese terror de género tan certero en los ojos, es como mirarse las manos hasta arrugarse los ovarios y queden dentro de un escroto.

Se nombra y estalla fulminada. Una extraña que anhela salir y matarla. Entre el espejo y el reflejo, todos los extraños que se esconden. 

Nocturna

Una charla de silencios perezosos. Dos sujetos uno del otro. Una soga que los ata por el cuello mientras dos luciérnagas candentes se desintegran entre sus dedos. Uno intenta entender, otro sólo entenderse. Los habita el mismo conflicto, la carnicería del cuerpo y la palabra.

Cabeza agacha ojos tristes escucha. Barba azabache manos pequeñas se bate a duelo con lo más asesino, infligir el placer. Habla sangrante. Cabeza agacha ojos tristes le urge una cólera de gritos, pero tumba. Presos de una habitación que ruega diplomacia, las carnes abdican. Se huelen a la distancia de un descenso a los infiernos. No queda en la mirada de ninguno el recuerdo de la caricia.

Barba azabache lengua de puñetazos baila el alfabeto de las torturas. La danza avanza macabra matanza. Cabeza agacha átomo destartalado ahora lengua en blanco. Dos extraños recuerdan extrañarse. Cabeza agacha pies ligeros fugitivos. Barba azabache cadáver del silencio.

Una habitación en pausa. No queda oxígeno, solo humo. Y la noche densa se expande...

Grito carnívoro

Esta noche me traiciona el lenguaje que de inconmensurable ya no le queda nada. Me temo sin verbo para acariciar ese cuerpo de nene que come nenes. Se explota la palabra en mi lengua porque lo indecible debe ser besado, aunque mis labios sean guillotinas, enredaderas de carnes que me dejaron colgando besos olvidables.
Me sexuas rojo, rojo enfermo, y crudo, y carnívoro. Que no me quede nada de piel cuando te abrace y sea brasas y sea el infierno caminante. Me prometo desnudo y habitable, un poquito. Este dolor de niño solo puede ofrecerte su niñez de carnicero y lo primero, que fue el grito y nuestra injuria.  

No te quiero fiel, yo te quiero real.

Antropofagía

"... Y creo que si alguna vez nos toca quedarnos sin palabras es bueno que sea porque estamos maravillados y no porque estamos vacíos... eso.” Liliana Bodoc

A veces se me cae un miedo de la panza, un terrorcito que me come las entrañas del lenguaje. Me anula la lengua, la hace un nudo y me espantapájaros. Entonces es cuando mi boca se va de bucólica, y se aísla junto con la luz mala. El terrorcito me regala lo mudo del verbo impronunciable porque sabe que las palabras, a veces, ocupan mucho aire. El miedito que se escapa de la panza me seduce con la disyuntiva de respirar o simplemente escuchar. Los terrores nos ponen a prueba, la panza nos molesta. Mi boca se va de bucólica, una boca prehistórica de besos fósiles. No conocer mi propia voz me convierte en piedra y callo. Me convenzo de que lo heroico es intentar tener la voluntad de asfixia y desvanecerme con tu voz acurrucada en mis oídos. Pero las palabras nos sobreviven, nos cadaverizan y nos traicionan. La muerte no existe, existe lo muerto y las lenguas muertas y la voz que ya no baila en el aire. Tengo un hambre voraz de palabras de hombre que carcome mi lengua y mi gargagarganta. La antropología del nhombre o lo antropófago del nhombrar. Comerme el nombre es comerme al hombre. Qué perversa esa manía de llevarme todo a la lengua. Lánguido es el movimiento de esa lengua suicida que se acerca al precipicio de la poesía. Es terror porque no sabe si mantenerse famélica o morder el vértigo del lenguaje.

Amor deviene de amo

Te amo. Construcción lingüística difusa si las hay. Amar; verbo tramposo, canalla y hasta reaccionario. A simple vista, a vista miope, un te amo es un sentimiento intenso que implica cierta reciprocidad. Este acto de amor, a simple vista, parece desinteresado, inocente y hasta tierno. Amar, aunque algunos puedan tratarme de psicótico, es renunciar a la soberanía de nuestro cuerpo. Yo cosa, esclavo de la dramática o gramática, tejeré una bufanda y de paso una horca verbal para aniquilar el significado.
Pienso en un te amé. En la oscuridad del bostezo se dibuja un cielo con poquitas pecas albinas. Se chorrean las cadenas del lenguaje junto con la saliva. Ahora se ven, se chocan entre ellas y entre medio mi lengua. Inhablante, indecible, la hacen esclava del lenguaje. Se fabrican esclavos del lenguaje. Y después repetirnos, o mejor dicho, nos hacen repetir el eterno retorno, un mecanismo automático donde cada pieza encaja y cierra.
Me niego a mecanizar múltiples agujeros lingüisticos negros devoradores de objetos y sujetos. Quiero ser guillotina lingüistica y decapitar el lenguaje, la lengua y el diccionario.
Evolucionamos de los tartamudos, repetimos significados y no sílabas. Mal-digo a los parlantes y a los pelotudos y a los amos y a los amores y a los amorcitos que piten repiten repiten. Agramatiquemos un te amo, explotemos en una galaxia de esperma

Soy mutante

Se encontraba inmóvil, mirando la nada del todo o ese todo de la nada. Era indiferente, la visión, las figuras, si era de día o de noche. Inmóvil paciente suicida jugando a la ruleta rusa porque no sabe jugar al juego de los géneros. Sin ganas de seguir jugando a las escondidas, una bala le susurra a los ojos: "Maldito tu libre albedrío, maldito o maldita mutante". Mutante reía, se atragantaba y se convencía que el libre albedrío era para cobardes. Maldito maldita moralista.
Amaba la primera persona del inglés, y la dialéctica entre los tres géneros del alemán. Odiaba el español, ese lenguaje cruel que fomentaba las claustraciones, un lenguaje por naturaleza violento pero silencioso.
Y se encontraba inmóvil, seleccionando cuidadosamente las palabras de ese maldito sistema de signos en oposición. Maldito sistema binario, desparramando genitales como sangre una vez degollada la garganta.
El libre albedrío para un moralista no existe, dios (en minúsculas) en combinaciones binarias no existe. Lo mutante existe, pero es mejor hacerlo pasar desapercibido, o encerrarlo en la dialéctica del género del español.
Se encontraba inmóvil, en una mano una pistola cargada y en la otra un diccionario, analizaba su libre albedrío.

Cuestión de fe

Esa manía de creerse ángeles, sacar su billetera y echarse a volar. Esa costumbre de comprar el amor sin rostro, bastante barato, abrirme la puerta del auto y bajarse el cierre del jean –pensaba. La maldita de piel rocosa ahogó esa verguita en la oscuridad de su bocanada venenosa, aquella sin fin ni retorno. Lo acabó. Ya disecado y consumido, el viejo terminó de palidecer.

Otro viejo boludo que usa viagra.- pensó.

La maldita de mil lenguas, le sacó la billetera, le cerró los ojos y le guardó el muertito de nuevo en el jean. Se prendió un pucho, pensó en la leche y el pan que tenía que llevarle a su hija para que desayune antes de ir al colegio y, que por suerte, mañana le iba a poder dar como regalo de cumpleaños esa muñequita que tanto había visto en la vidriera de la juguetería.

La maldita de mil lenguas se alejaba del auto, se desvanecía con el sonido de los tacos contra el asfalto. Titilaba el cigarro cada vez más lejos del viejo tieso. Y sonreía, convencida de que los ángeles realmente existían.

Distorsión

A quién le importa la semántica de tu voz si mañana desaparecerá en el aire. Prefiero guardarme ese armónico que se escapa de tus labios, encadenarlo y plastificarlo en mis oídos para tener un leve recuerdo de las cenizas de un ruido perfecto. Tu susurro, mío ahora, muere inmediato.

VII

Lo lácteo y lo murciélago
Amalgamados en masa lingüística
Bailan cánceres semánticos

Soy la bestia dentro de mi garganta rasposa
Que sólo sabe de nieblas

Y si supiese acariciar las palabras
No pediría que tu lengua
Me llene los labios

De besos y de espantos.

VI

Fumo un cigarro al revés
Para que el cuerpo salga del cáncer.
Esa manía que tiene el engaño
esa manía de vivirme en un cuerpo eterno
Pero yo me pregunto y me pregunto:

para qué durar si puedo arder?

V

Dos soles me persiguen y el insomnio de la noche.
Me confunde tu lengua de letras muertas
aunque sé sobre que hablan los cadáveres.
En la fricción de tu susurro se esconde la angustia de mi nombre;
el terror de todos los hombres.

Me relato de espanto de niño y de viuda negra. 

IV

Me tocás el hombro
De a poquito desordenás

Mis átomos. De a poquito espectro. 

III

O al hablar cobarde o a gritar sexos
Y hablo terror al conjugar el verbo de mi género
Los no-géneros por tampoco tener lenguaje
Engendramos fuego.

O al hablar cobarde o a gritar sexos
Y peor: ¡callar y masturbarse!
La elipsis que quiere explotar
Somos odio.

Me quitaron la inocencia de ser monstruo bueno
Me moldearon la carne y ahora me despedazo
Te despedazo
De carnes y de huesos

Soy niñito carnicero. 

II


Ya he olvidado el roce,
La asfixia y el domingo
La calma en el desquicio
Desde la horca, lo lamento tanto,
He derramado la semántica al infinito.

Quiero aprender a tocarte
En un pavor onírico
Me temo
De a dos tiempos a la vez

he olvidado el verbo

I


En el fondo del aire me sobrevive una voz
acurrucada y claustrofóbica
en la punta de mi lengua
tararea
el grito de la sangre
de mi verbo degenerado

Sin tiempo duerme
en la cesta de todos mis niñitos carniceros
quieren que la hagan cuerpo

que la hagan poesía.