A quién le importa la semántica de tu voz
si mañana desaparecerá en el aire. Prefiero guardarme ese armónico que se
escapa de tus labios, encadenarlo y plastificarlo en mis oídos para tener un
leve recuerdo de las cenizas de un ruido perfecto. Tu susurro, mío ahora, muere
inmediato.
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