Se encontraba inmóvil, mirando la nada del
todo o ese todo de la nada. Era indiferente, la visión, las figuras, si era de
día o de noche. Inmóvil paciente suicida jugando a la ruleta rusa porque no
sabe jugar al juego de los géneros. Sin ganas de seguir jugando a las
escondidas, una bala le susurra a los ojos: "Maldito tu libre albedrío,
maldito o maldita mutante". Mutante reía, se atragantaba y se convencía que
el libre albedrío era para cobardes. Maldito maldita moralista.
Amaba la primera persona del inglés, y la dialéctica entre los tres géneros del alemán. Odiaba el español, ese lenguaje cruel que fomentaba las claustraciones, un lenguaje por naturaleza violento pero silencioso.
Y se encontraba inmóvil, seleccionando cuidadosamente las palabras de ese maldito sistema de signos en oposición. Maldito sistema binario, desparramando genitales como sangre una vez degollada la garganta.
El libre albedrío para un moralista no existe, dios (en minúsculas) en combinaciones binarias no existe. Lo mutante existe, pero es mejor hacerlo pasar desapercibido, o encerrarlo en la dialéctica del género del español.
Se encontraba inmóvil, en una mano una pistola cargada y en la otra un diccionario, analizaba su libre albedrío.
Amaba la primera persona del inglés, y la dialéctica entre los tres géneros del alemán. Odiaba el español, ese lenguaje cruel que fomentaba las claustraciones, un lenguaje por naturaleza violento pero silencioso.
Y se encontraba inmóvil, seleccionando cuidadosamente las palabras de ese maldito sistema de signos en oposición. Maldito sistema binario, desparramando genitales como sangre una vez degollada la garganta.
El libre albedrío para un moralista no existe, dios (en minúsculas) en combinaciones binarias no existe. Lo mutante existe, pero es mejor hacerlo pasar desapercibido, o encerrarlo en la dialéctica del género del español.
Se encontraba inmóvil, en una mano una pistola cargada y en la otra un diccionario, analizaba su libre albedrío.
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